En todo el proceso creativo de la obra de David Saborido, ha existido una separación constante de lo evidente y lo prefijado, concretándose los aspectos más relevantes en las segundas lecturas que generan las piezas.
Se expresa como se siente, de percepciones y sensaciones cotidianas nace la necesidad de concretar imágenes, síntesis inexactas, a su vez, de la experiencia vital.
En sus obras iniciales, encontramosprimeros cuadros vinculados al arte Póvera, (arcilla, arena, barnices), con una ausencia total de figuración, que progresivamente fue dando paso a un expresionismo abstracto, de señalado poder compositivo y de color.
En un segundo momento, la obra adquiere un componente más conceptual, al comenzar a trabajar con radiografías, y concretarse hilos narrativos a través del rescate de imágenes aparecidas en dicho material. Interiores del cuerpo que volvían a cobrar significación como elementos aislados, rediseñándose con los distintos materiales escogidos para ser mostrados. Fue expuesta esta obra de diferentes maneras, bien como piezas con un único elemento representacional, o piezas de gran tamaño compuestas por múltiples imágenes a modo de moléculas, que se subrayaban sobre fondo blanco. También se pudo observar en formato de varias piezas pequeñas, organizadas en forma de instalación en el espacio expositivo, que facilitaban y ampliaban la idea de la interconexión que aquellas imágenes guardaban entre sí.
Posteriormente se rompe la trayectoria de pintor de estudio. Desaparecen los barnices, las maderas fotocopiadas, las radiografías, y el óleo, para encontrar en el medio fotográfico el mejor camino para ofrecer aquello que se pretendía contar. En aquellas fotos aparecían extractos de piel elegidos por su capacidad de evocación, síntesis de particularidades estéticas que escapan al estereotipo de belleza corporal. Aquellas piezas deseaban mostrar y transmitir los detalles, los pequeños resquicios de nuestro cuerpo, como reflejo del encanto, la ensoñación, el desasosiego, la inquietud provocada por esos lugares; accesibles, al que se acerca a la existencia, detenidamente.
Transcurren aproximadamente dos años hasta que comienza a gestarse un proyecto nuevo “Pliegos de Oro”. Tiempo necesario para recolocarse tras lo avatares de la vida. Experiencias que se verán reflejadas en cada una de las piezas que se crean en aquellos momentos. Un proyecto que con el color dorado, oro, como base, fue dando paso a distintos formatos y formas de exhibición (grafismo sobre papel, óleo sobre lienzo, acrílico sobre grandes pliegos colgantes a modo de esculturas, instalaciones). La envoltura dorada guardaba en su interior exquisitas formas de expresión, pudiéndose observar piezas de una impronta expresionista, a base de largos y directos trazos con fuerte carga de color, piezas de orden conceptual, con grafismos bien definidos en formas de cuadrados junto a estructuras de compasión indefinidas y en clara confrontación, y algunas obras, de tono más figurativo (representaciones cercanas a troncos y ramas de árboles). Múltiple y conexa muestra de expresión, de quién necesitaba contar, después de largo tiempo de silencio plástico.
“Caja de sonidos”, aparece como una manifestación íntima y profunda del mundo plástico del pintor. En un momento inicial del trabajo “Caja de sonidos”, se plasma a través de abstracciones con predominio de serenos trabajos de color (azul cobalto), y representaciones gráficas a modo de marcas, similares en forma y tamaño, que trascurren a lo largo de la pieza. Que en una primera observación se pierden en el conjunto de la abstracción, pero, en una relectura, cobran significado, y aportan un nuevo discurso en lo contemplado.
En la consecución lógica de un trabajo abierto a nuevo caminos, se observa una nueva secuencia donde aparecen las ventanas, como lo hicieron en aquellos primeros trabajos más conceptuales de la época de estudiante, y como reaparecieron, en trabajos posteriores con las radiografías y las fotografías. Un hilo conductor que en nada trae una similitud plástica evidente, cada trabajo guarda una obvia distinción, pero si nos recuerda la importancia de la veladura, la transparencia, técnica repetida como énfasis de un discurso trascendente en relación a las dicotomías, a las complementariedades, a las autonomías, de unos planos sobre los otros, de unos seres sobre otros, de unos pensamientos y sentimientos sobre otros. La realidad, representada en el primer plano, con improntas emotivas de amplios campos de color .Los segundos planos, representantes de las naturalezas, de las esencias más profundas; mostrados como composiciones etéreas, casi efímeras.