Es difícil construir sin materia. A veces, la materia no esta, o no se ve, o uno desespera de buscarla. Entonces toda construcción es vana. Los elementos deben acudir de forma natural, aparecer inesperadamente, de esa manera despliegan toda su capacidad de evocación, disparan el verdadero acto de crear.

En torno al material de arranque surge la expresión. Aquí aparecen, dos sugerencias potentes: una el pigmento, con una densidad de color amplia y decididamente envolvente, y otra, los sonidos, cautivadores e íntimos.

En un todo de sonidos, algunos suscitan relecturas. Habituados a una totalidad constante de los sonidos cotidianos, es la singularidad de alguno, la que señala su existencia, y nos indican que se encuentran ahí. Enormes bolsas de sonidos, donde algunos carecen de certezas y se mantienen equívocos, humildes y atractivos.

La ventana del taller, abierta siempre, receptora de todo acontecimiento sonoro de la calle. Transito de sonidos entrecortados, medias conversaciones que se van desvaneciendo en la lejanía, jergas, murmullos, silencios largos e inesperados…

La densidad.
Una apuesta por lo denso.
Posiblemente una necesidad de plagarlo, de llenarlo todo, bien lleno, hacerse uno visible a través de aquello. El pigmento, que reaparece del pasado, silente y vivo, capaz de despertar los instintos de la creación y disparar las ganas de mancharlo todo con su polvo, con su energía de matiz. La obra y la estancia se van tornando cobalto. El elemento trasciende la obra, para inundar la vida misma, y marcar la cara del pintor, las uñas muy adentro, las Barbiyes, los billetes, la suela del zapato, los cubiertos, y hasta, en ocasiones, solo en ocasiones, el vientre del amado; ese mismo vientre que sabe de lo ilógico. Y es en ese abarcarlo todo, cuando uno empieza a saber convivir con el, a saber como dominarlo, a conocer las maneras de rescatar su máxima expresión y brillo.

Con la atracción real de un color, y la subjetiva proyección del sonido, algo comienza a surgir, y surge, materializándose y marcando decididamente un espacio, haciéndolo suyo; en intensidad y en fuerza, en texturas y ritmo

                                                           iruzruiz
Germen